¿Alguna vez ha estado en un espacio que lo ha hecho sentir incómodo, inseguro o agobiado?
Los espacios y objetos que nos rodean tienen el poder de alterar nuestra percepción y estados mentales. El agobio y el estrés causados por el trabajo, la escuela, las relaciones de pareja y las obligaciones familiares pueden ser exacerbados por los espacios que nos rodean. Por esto, es necesario abordar la práctica del diseño y la arquitectura, trascendiendo los aspectos de función y forma para incluir el impacto emocional que puede generar sobre las personas.
La neurociencia nos ha provisto con la comprobación de que el ambiente que nos rodea afecta la química de nuestros cerebros y, por ende, las emociones, pensamientos y comportamientos. La principal razón para diseñar pensando en la mente es la creación de espacios y objetos que generen estados mentales positivos que potencien nuestras capacidades y mejoren nuestra salud y bienestar.
“Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”
Santiago Ramón y Cajal
En las últimas décadas, se ha consolidado la colaboración entre científicos, arquitectos y diseñadores en el estudio de las respuestas humanas al medio ambiente construido. Esta alianza se oficializó en el 2002, con la creación de The Academy of Neuroscience for Architecture (ANFA) en el seno del Instituto Salk for Biological Studies en California. En su discurso ante la convención de The American Institute of Architects (AIA) en 2003, el presidente del Instituto Salk, el científico Freddy “Rusty” Gage, quien ha trabajado en neurogénesis y neuroplasticidad, hizo las siguientes observaciones, que se han convertido en las premisas centrales de la práctica multidisciplinaria que hoy se conoce como neuroarquitectura:
- El cerebro controla nuestro comportamiento.
- Los genes controlan el diseño y la estructura del cerebro.
- El entorno puede modular la función de los genes y, en última instancia, la estructura del cerebro.
- Los cambios en el medio ambiente cambian el cerebro.
- En consecuencia, los cambios en el medio ambiente cambian nuestro comportamiento.
- Por lo tanto, el diseño arquitectónico puede cambiar nuestro cerebro y nuestro comportamiento.[1]
No obstante, es importante destacar que la inquietud por parte de los arquitectos en cuanto a la creación de espacios enfocados en el bienestar mental y la salud de los usuarios no es reciente. Por ejemplo, el finlandés Alvar Aalto (1898-1976) creía que la tarea del arquitecto consistía en proporcionar a la vida con una estructura más sensible, es decir, una estructura más acorde con la naturaleza y la biología más allá de la función, el uso de materiales o estilos. Esto se refleja mucho en el Sanatorio de Paimio para la tuberculosis (1929-1933), en donde Aalto dio prioridad a los aspectos psicológicos y sensoriales del color, la luz natural, el sonido, la calidad del aire y el uso de la madera, como elementos importantes que influyen en los estados mentales que ayudan en el proceso de sanación de los pacientes.


La unión entre neurociencia, diseño y arquitectura ofrece a los diseñadores datos duros sobre aspectos del cerebro y el sistema nervioso para tener en cuenta a la hora de diseñar. Lo que antes se hacía de forma un poco intuitiva en el diseño de espacios y objetos para el bienestar, ahora se trabaja desde una base más científica. Igualmente, los científicos pueden medir mucho mejor el impacto del medio ambiente construido en el cerebro de los seres humanos ayudados por arquitectos y diseñadores. Y aunque esta colaboración no siempre es fácil – ya que la forma de trabajo de estas disciplinas se rige por diferentes paradigmas – ambas reconocen al cerebro y el sistema nervioso como eje central del trabajo conjunto, que busca la salud mental, el bienestar y potenciar la capacidad de quizá, el órgano más complejo e importante del cuerpo humano.
[1]Ritchie, I., Neuroarchitecture: Designing with the Mind in Mind. (Architectural Design, vol. 268, 2020), pp. 7