Autismo en emergencias: El caso de Yoar tras el terremoto de Venezuela

Hace algunos días nos despertamos con la desgarradora noticia de unos terremotos que devastaron varias zonas de Venezuela. Como siempre, este tipo de eventos es un recordatorio sobre la fragilidad de nuestros sistemas frente a la fuerza inesperada de la naturaleza.

Es en momentos de crisis cuando las grietas en nuestra sociedad se hacen más visibles. No basta con hablar de arquitectura sismorresistente. Desde la neuroarquitectura, vemos que el diseño del espacio post-desastre puede ser tan letal como el propio sismo para miles de personas.

De hecho, un anuncio de la UNICEF pone de relieve el caso particular de Yoar, un niño venezolano de cuatro años que es autista. Yoar, explica su abuela, es un niño no verbal, al que el ruido, la incertidumbre y la masificación de los refugios alteran su rutina y aumentan su angustia.

Mira el testimonio de su madre y abuela aquí.

¿Qué es el autismo y por qué los refugios lo desregulan?

Características principales:

El diagnóstico clínico se basa principalmente en dos áreas afectadas (según el DSM-5-TR):

  • Comunicación e interacción social: Dificultades para iniciar o mantener conversaciones, interpretar el lenguaje no verbal (gestos, miradas) o comprender dobles sentidos.
  • Flexibilidad de conducta y pensamiento: Presencia de intereses muy intensos o específicos, necesidad de rutinas estrictas y movimientos repetitivos (llamados autoestimulaciones o stimming).

Fuente: Elaboración propia | Basado en DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022) | Metodología Neurotectura

Neurodiversidad y crisis: La doble tragedia de Yoar

Muchos niños como Yoar cuentan en su vida diaria con rutinas claras, espacios adecuados a sus necesidades y planes médicos y educativos personalizados. Todo eso desapareció en segundos con dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5. 

Entendamos por qué para personas como Yoar esta es una doble tragedia. Este niño no solo perdió su hogar, sino el espacio que lo aislaba y protegía de la constante sobrecarga sensorial. Y es que las personas neurodiversas tienden a ser hiposensibles o hipersensibles a los estímulos ambientales.

5 agresores sensoriales en un campamento de emergencia

Para un cerebro autista hipersensible, estos factores no son molestias. Son dolor físico:

  • Ruido: Llanto, generadores, megafonía, 100+ personas en carpas.
  • Incertidumbre espacial: No hay “su cuarto”, no hay rutas predecibles, no hay control.
  • Masificación: Contacto físico involuntario e invasión de espacio personal.
  • Iluminación: Focos 24/7 por seguridad. Imposibilidad de oscuridad para dormir.
  • Olores: Comida comunal, letrinas, cuerpos. Hipersensibilidad olfativa = náusea constante.

El anuncio de UNICEF pone de relieve que muchos organismos de socorro no están preparados para ayudar a personas neurodiversas y lo reconocen. La razón es simple: todo está diseñado para personas neurotípicas.

La Organización Venezolana de Autismo (OVA) lanzó un “Censo de Emergencia” el 24 de junio de 2026 para ubicar familias con TEA. Psicólogos venezolanos ya publicaron videos explicando que esta población es “muy vulnerable”. La iniciativa busca recopilar las necesidades más urgentes.

Neuroarquitectura de emergencia: Soluciones de bajo costo

Podemos aplicar algunas recomendaciones básicas de bajo costo y alto impacto para mitigar este sufrimiento:

1. Divisores de cartón para microespacios
  • Problema: La exposición visual de 360° en carpas colectivas impide que un cerebro autista filtre estímulos. Es como vivir en un estadio.
  • Solución: Paneles de cartón corrugado (1.2 m x 1.5 m) o telas opacas tensadas entre cuerdas para crear “nidos sensoriales” de 1.5 m².
  • Impacto: Reducen la sobrecarga y la exposición visual en un 80%. Esto permite la autorregulación sensorial y da privacidad para que una madre pueda calmar a su hijo sin sentirse juzgada.
2. Kits sensoriales de emergencia
  • Problema: El ruido de generadores, llantos y megafonía equivale a dolor físico para personas hipersensibles. No hay escape.
  • Solución: Un kit básico con auriculares de cancelación de ruido, una manta de tela gruesa y pesada, y dos fidget toys o pelotas antiestrés.
  • Impacto: Facilitan la autorregulación del sistema nervioso y previenen crisis de ansiedad o meltdowns en entornos saturados.
3. Zonas silenciosas en los campamentos
  • Problema: No podemos desconectar nuestros sentidos ni al dormir. La luz y el ruido constante impiden el descanso, desregulando a todos los refugiados.
  • Solución: Crear un área de descompresión cerrada, con iluminación tenue, baja circulación de personas y normas estrictas de silencio.
  • Impacto: Beneficia a todos: personas con TEA, adultos mayores, personas con migrañas, madres lactantes, personas con TEPT y al propio personal de socorro. Es el espacio de “reset” del campamento.
4. Rutinas visuales mediante pictogramas
  • Problema: La incertidumbre dispara el cortisol y la ansiedad; el cerebro humano necesita predictibilidad.
  • Solución: Pizarras o cartulinas plastificadas con pictogramas que muestren los horarios de comida, descanso, atención médica y distribución de ayuda.
  • Impacto: Anticipar las actividades reduce la ansiedad. En niños no verbales, facilita la comunicación básica (como señalar el pictograma de “baño” en lugar de llorar).
Interfaz de AsTeRICS Grid (ARASAAC).
La ventaja técnica de implementar agendas visuales en refugios con herramientas como AsTeRICS Grid es que la simbología de ARASAAC ya es el estándar utilizado en las escuelas de educación especial de toda Hispanoamérica. Al ser un lenguaje ampliamente conocido por terapeutas, docentes y familias de la región, la transición de estas dinámicas a un campamento de emergencia es inmediata y no requiere curvas de aprendizaje complejas.

Neuroarquitectura y diseño para la neurodiversidad en crisis

Se estima que el 1% de la población mundial está dentro del espectro autista. En Venezuela, con 680.000 niños afectados, hablamos de al menos 6.800 niños como Yoar que enfrentan una doble emergencia: sin casa y sin un entorno seguro.

Si sumamos adultos autistas, TDAH (∼5%), dislexia (∼10%), TEPT y demencia, entre el 20% y el 25% de la población de cualquier refugio tiene necesidades sensoriales o cognitivas distintas a las del “usuario promedio”.

Sin embargo, la mayoría de los protocolos de emergencia se diseñan pensando en una población estándar que no existe. Los bomberos, sanitarios y voluntarios hacen una labor extraordinaria, pero muchas veces no cuentan con la formación ni los recursos para responder a la neurodiversidad.

La neuroarquitectura nos recuerda que los espacios nunca son neutrales. Diseñar pensando en la mente en tiempos normales favorece el bienestar; en tiempos de crisis, puede reducir el miedo, preservar la dignidad y proteger la salud mental de los más vulnerables.

¿Sabes si tu ciudad está preparada para enfrentar una crisis como esta?

Si queremos comunidades verdaderamente resilientes, la inclusión no puede comenzar después del desastre. Debe formar parte de la planificación desde el primer plano, el primer protocolo y la primera decisión de diseño.


Lectura recomendada

Guía práctica sobre accesibilidad de la UNICEF. https://accessibilitytoolkit.unicef.org/media/686/file/Accessibility%20Toolkit%20A%20Advocacy_ES%20Final.pdf

Published by Patricia Fierro-Newton

Architect and researcher based in London. I founded Neurotectura to explore how architecture can support neurodivergent lives through more empathetic and inclusive design.

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