Crisis de la vivienda y neurodiversidad: una emergencia humana invisible

El acceso a una vivienda segura y estable se ha convertido en una de las crisis sociales más determinantes del siglo XXI a nivel global. En numerosos países, el aumento sostenido de los alquileres, la reducción de la oferta de vivienda social y el estancamiento de los salarios han hecho que la estabilidad residencial a largo plazo resulte cada vez más inalcanzable. Países como Australia y Canadá figuran entre los más afectados, lo que evidencia un patrón estructural global más que fallos aislados de políticas nacionales.

La vivienda es la primera línea de defensa de la salud mental. Sin un hogar seguro, el equilibrio emocional se vuelve inalcanzable.

La crisis de la vivienda, por tanto, no se limita a la falta de techos. Habla de una estabilidad fracturada, de vidas interrumpidas y de la erosión progresiva de la dignidad a lo largo de generaciones, comunidades y grupos sociales.

Cómo la crisis de la vivienda afecta la salud mental

Vivir sin un hogar estable —o en alojamientos temporales, hacinados o inseguros— intensifica el estrés crónico y crea barreras para acceder a una atención continuada. Los niños y niñas que crecen en estas condiciones son especialmente vulnerables: las interrupciones en la educación, las rutinas y las relaciones sociales pueden tener consecuencias psicológicas y de desarrollo a largo plazo.

Qué significa para las personas neurodiversas

Para las personas neurodiversas, la inestabilidad residencial puede resultar especialmente perjudicial. Los refugios convencionales y los alojamientos temporales suelen carecer de entornos tranquilos y de baja estimulación, y con frecuencia no reconocen las diferentes formas de comunicación ni las necesidades específicas de apoyo. Esto puede intensificar la ansiedad, la sobrecarga sensorial y el aislamiento social, factores estrechamente vinculados al riesgo en salud mental.

Iniciativas actuales y lo que se está haciendo

Los esfuerzos para abordar la falta de vivienda y la inestabilidad habitacional están en marcha en múltiples niveles:

Arquitectos y diseñadores deben reconocer que la vivienda no se limita a alojar la vida: la moldea activamente, influyendo en el bienestar mental y en la inclusión social. Comprender la neurodiversidad, diseñar entornos que reduzcan el estrés y la sobrecarga sensorial, y defender políticas de vivienda más solidarias ya no es una opción; es una responsabilidad esencial.

A young woman in a green sweater sitting inside a cardboard box, looking anxious and distressed.
La inestabilidad habitacional conlleva una profunda carga emocional negativa, configurando una auténtica crisis social. Diseñar un hogar es un imperativo moral que trasciende la simple construcción de muros y techos: se trata de crear refugios que prevengan activamente el aislamiento, el sufrimiento y el trauma profundo del desplazamiento.d the deep trauma of displacement.

Reflexiones finales

Sin un hogar seguro, el equilibrio emocional es simplemente imposible. Sin embargo, la crisis va mucho más allá de la mera ausencia de refugio. El aumento de muertes entre las personas en situación de sinhogarismo revela un fracaso más profundo: la incapacidad de comprender y responder adecuadamente a las necesidades de las personas neurodiversas dentro de los sistemas de vivienda.

Arquitectos, urbanistas y diseñadores asumimos una responsabilidad única. Nuestro trabajo debe ir más allá de la provisión básica y abordar las necesidades sensoriales, cognitivas y emocionales, creando entornos que apoyen de forma genuina el bienestar. Al ampliar nuestro conocimiento sobre la neurodiversidad, integrar estrategias de diseño inclusivo y defender modelos de vivienda que reflejen la complejidad humana, podemos ayudar a prevenir sufrimientos evitables y, en algunos casos, salvar vidas.

La crisis de la vivienda no es solo un desafío social o económico. Es también un desafío de diseño, uno que exige conocimiento, empatía y acción.


Lectura adicional

Fitzpatrick, S., et al. (2021). Homelessness and mental health: pathways, impacts and policy responses. An evidence review bridging public health, social policy, and homelessness research.

Tsai, J., & Rosenheck, R. (2015). Risk factors for homelessness among US veterans.
Well-cited for linking housing stability, trauma, and mental health outcomes.

RIBA — Architects designing for autism. Design recommendations for autism-inclusive environments.

National Autistic Society — Housing for Autistic People. Policy and lived-experience insights specific to housing needs.

Published by Patricia Fierro-Newton

Architect and researcher based in London. I founded Neurotectura to explore how architecture can support neurodivergent lives through more empathetic and inclusive design.

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