Más allá del mito del “espacio creativo”, una importante revisión de 2025 revela cómo los entornos interiores influyen selectivamente en diferentes modos del pensamiento humano.
Al entrar en la sede de una empresa tecnológica, una escuela de diseño o un moderno espacio de coworking, es común encontrar muchos de los mismos elementos: distribuciones abiertas, mobiliario colorido, abundante luz natural, plantas interiores, zonas colaborativas y espacios informales de encuentro.
La idea subyacente parece clara: ciertos entornos serían capaces de hacernos más creativos. Pero, ¿realmente puede diseñarse la creatividad a través del espacio?
Una reciente revisión sistemática publicada en el Journal of Environmental Psychology analizó esta cuestión a partir de 46 experimentos y 34 estudios empíricos que investigaban la relación entre los atributos ambientales interiores y la creatividad. Sus conclusiones revelan un panorama mucho más complejo y matizado de lo que suelen sugerir muchas discusiones populares sobre diseño y creatividad.
En lugar de identificar una fórmula universal para crear entornos “creativos”, la revisión encontró que la relación entre las condiciones ambientales interiores y la creatividad sigue siendo inconsistente y altamente dependiente del contexto.
La implicación es significativa para arquitectos, educadores, diseñadores de espacios de trabajo y cualquier persona interesada en la neuroarquitectura: quizá no exista algo así como un espacio universalmente creativo.

Entendiendo la creatividad
Una de las razones por las cuales la evidencia parece inconsistente es que la creatividad en sí misma suele ser malinterpretada.
Con frecuencia, la creatividad se trata como una única capacidad cognitiva. Sin embargo, los psicólogos distinguen entre dos modos diferentes de pensamiento: el pensamiento divergente y el pensamiento convergente.
Pensamiento divergente
El pensamiento divergente consiste en generar múltiples ideas, posibilidades y asociaciones novedosas. Es exploratorio, abierto y libre de restricciones. Este tipo de pensamiento aparece durante actividades como la lluvia de ideas, el desarrollo de alternativas de diseño, la creación de historias o la especulación sobre posibles escenarios futuros.
El objetivo no es la precisión, sino la expansión de posibilidades. El pensamiento divergente permite que la mente se mueva libremente entre ideas sin filtrarlas o evaluarlas de inmediato.
Pensamiento convergente
El pensamiento convergente, por el contrario, implica evaluar alternativas y seleccionar la solución más efectiva. Es analítico, enfocado y orientado hacia objetivos concretos.
Este modo cognitivo está presente al resolver problemas técnicos, refinar una propuesta de diseño, elegir la mejor estrategia o completar tareas matemáticas y lógicas. Aquí, el objetivo no es la posibilidad, sino la precisión.
La mayoría de los procesos creativos reales requieren ambos modos de pensamiento. Diseñadores, científicos, escritores y arquitectos suelen alternar constantemente entre generar ideas y evaluarlas.
Esta distinción resulta fundamental al analizar cómo los entornos influyen sobre la cognición y el comportamiento humano.
Lo que encontró la investigación
La revisión examinó una amplia variedad de atributos ambientales, incluyendo la naturaleza y la vegetación interior, las vistas al exterior, las configuraciones espaciales, la disposición del mobiliario, las condiciones de iluminación, las paletas de color, los entornos acústicos, la calidad del aire interior y las relaciones socioespaciales.
La conclusión más importante fue sorprendentemente simple: no existe evidencia consistente de que un único atributo ambiental mejore universalmente la creatividad.
Los diferentes estudios con frecuencia mostraron resultados contradictorios. Algunas condiciones ambientales parecían beneficiosas en ciertos contextos e ineficaces en otros. Más importante aún, varios atributos ambientales influían sobre el pensamiento divergente sin afectar el pensamiento convergente, o viceversa. Esto sugiere que distintos procesos cognitivos pueden requerir diferentes condiciones ambientales.
Por lo tanto, la pregunta quizá no debería ser: “¿Este espacio mejora la creatividad?”, sino más bien: “¿Qué tipo de pensamiento favorece este espacio?”.
La naturaleza y la generación de ideas
Entre todas las variables ambientales analizadas, los atributos relacionados con la naturaleza produjeron algunos de los resultados más prometedores.
La vegetación interior, las vistas naturales y la exposición a elementos de la naturaleza se asociaron repetidamente con mejoras en el pensamiento divergente.
Existen varias teorías que intentan explicar por qué ocurre esto. La Attention Restoration Theory (Teoría de la Restauración de la Atención) propone que los entornos naturales ayudan a restaurar los recursos atencionales agotados. A diferencia de los entornos urbanos, que exigen atención dirigida de manera constante, los ambientes naturales involucran la mente de forma más suave y menos demandante, permitiendo que los recursos cognitivos se recuperen.
Otros investigadores señalan la reducción del estrés, la mejora del estado de ánimo y el aumento de la flexibilidad cognitiva como posibles mecanismos explicativos. Independientemente de la explicación exacta, la exposición a la naturaleza parece ser especialmente relevante durante las fases de generación de ideas, más que durante la resolución analítica de problemas.
Para arquitectos y diseñadores, estos hallazgos refuerzan el valor potencial del diseño biofílico, no necesariamente como una herramienta universal de productividad, sino como un apoyo para el pensamiento exploratorio.

La arquitectura invisible del aire
Mientras que las discusiones sobre creatividad suelen centrarse en la estética, la revisión destaca la importancia de condiciones ambientales menos visibles.
La calidad del aire interior puede influir en el rendimiento cognitivo de manera más directa que muchos elementos decorativos del diseño. Los espacios con ventilación deficiente pueden acumular concentraciones elevadas de dióxido de carbono, contribuyendo a la fatiga, la disminución de la atención, dolores de cabeza y un menor desempeño en la toma de decisiones. Estos efectos se vuelven especialmente relevantes en aulas, oficinas y salas de reuniones densamente ocupadas donde la ventilación es insuficiente.
De manera similar, la exposición a partículas contaminantes en el aire se ha asociado con inflamación, deterioro cognitivo y reducción del rendimiento mental. Cada vez más investigaciones relacionan la exposición prolongada a ambientes interiores y urbanos contaminados con neuroinflamación y alteraciones de la memoria.
Estos hallazgos sugieren que la creatividad no puede separarse de las condiciones fisiológicas fundamentales. Antes de considerar paletas de color o mobiliario “inspirador”, los diseñadores quizá deban prestar mayor atención a la ventilación, la filtración del aire, el confort térmico y el acceso al aire fresco.
El cerebro es un órgano biológico antes que un órgano creativo.
Luz, estado de alerta y rendimiento mental
La iluminación también influye sobre la cognición, aunque la relación es más compleja de lo que normalmente se asume.
La luz natural ayuda a regular los ritmos circadianos mediante células retinianas especializadas que se comunican directamente con el reloj biológico del cerebro. La exposición a la luz diurna favorece el estado de alerta, la regulación emocional, la memoria y el funcionamiento cognitivo en general.
Las investigaciones sobre iluminación artificial sugieren que la temperatura de color también puede afectar los estados mentales. La luz más fría tiende a promover el estado de alerta y un mejor desempeño en tareas que requieren concentración, mientras que la luz cálida suele asociarse con relajación y una menor activación fisiológica.
Sin embargo, la relación entre iluminación y creatividad sigue estando lejos de ser concluyente. Algunos estudios sugieren que condiciones de iluminación moderadas pueden favorecer mejor la generación de ideas creativas que los extremos de estimulación o relajación excesiva. Incluso, algunos investigadores han propuesto relaciones no lineales entre la temperatura de color y la creatividad, sugiriendo que tanto los ambientes excesivamente fríos como los excesivamente cálidos pueden afectar negativamente la flexibilidad cognitiva.
Una vez más, la evidencia se aleja de las fórmulas universales de diseño y apunta hacia la adaptación contextual.

Por qué la evidencia sigue siendo inconclusa
Quizá la contribución más valiosa de esta revisión sea metodológica.
Muchos estudios anteriores que investigaban la relación entre creatividad y espacio dependían en gran medida de autoinformes, entrevistas, evaluaciones de supervisores y percepciones subjetivas de creatividad, en lugar de mediciones cognitivas objetivas. Muchos menos estudios evaluaban la creatividad mediante pruebas cognitivas basadas en tareas capaces de aislar procesos cognitivos específicos.
Como resultado, gran parte de la literatura existente refleja percepciones de creatividad más que un desempeño creativo demostrado.
Los autores sostienen que las investigaciones futuras deberían emplear diseños experimentales más rigurosos, incluyendo tareas cognitivas objetivas, condiciones ambientales controladas y estudios de largo plazo.
Para la neuroarquitectura, esto representa un recordatorio importante. El campo está evolucionando desde amplias suposiciones sobre la influencia del entorno hacia investigaciones más precisas sobre cómo variables específicas del diseño afectan procesos cognitivos particulares.
Hacia entornos neurodiversos y adaptativos
Una de las implicaciones más interesantes de esta investigación tiene que ver con las diferencias individuales.
El mismo entorno puede favorecer la creatividad de una persona y, al mismo tiempo, distraer o sobreestimular a otra. Esto resulta especialmente relevante al considerar la neurodiversidad.
Una oficina de planta abierta que fomenta la interacción espontánea puede estimular la generación de ideas en algunas personas, mientras que para otras —que requieren mayor predictibilidad sensorial y menos distracciones— puede convertirse en una fuente de sobrecarga cognitiva. De manera similar, los ambientes altamente estimulantes pueden favorecer el pensamiento exploratorio, pero perjudicar la concentración profunda y la atención sostenida.
En lugar de buscar entornos universalmente óptimos, los diseñadores quizá deban crear espacios adaptables que permitan transiciones entre diferentes estados cognitivos.
El trabajo creativo rara vez ocurre en un único modo. Los espacios creativos tampoco deberían hacerlo.

Conclusión
La idea de que la arquitectura puede influir en la creatividad sigue siendo convincente, pero la evidencia sugiere una realidad mucho más compleja de lo que plantean muchas narrativas populares.
Los entornos interiores no parecen potenciar la creatividad de manera universal ni predecible. En cambio, distintas condiciones ambientales pueden favorecer diferentes formas de pensamiento, influir de manera distinta en cada individuo e interactuar con procesos cognitivos que son, en sí mismos, altamente complejos.
Los espacios más creativos quizá no sean aquellos que intentan estimular la creatividad de forma directa. Tal vez sean aquellos que ofrecen a las personas la flexibilidad ambiental necesaria para moverse entre exploración y evaluación, imaginación y análisis, divergencia y convergencia.
En otras palabras, el futuro del diseño centrado en la creatividad quizá no consista en crear espacios que “hagan” creativas a las personas, sino en diseñar entornos capaces de apoyar las múltiples formas en que los seres humanos piensan.
Lectura recomendada
Rhee, J. H., Park, S. Y., Han, G., Schermer, B., & Lee, K. H. (2025). Role of indoor environmental attributes on creativity: A systematic review. Journal of Environmental Psychology. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2025.102499
Csikszentmihalyi, M. (1996). Creativity: Flow and the psychology of discovery and invention. HarperCollins.
Guilford, J. P. (1967). The nature of human intelligence. McGraw-Hill.
Runco, M. A., & Jaeger, G. J. (2012). The standard definition of creativity. Creativity Research Journal, 24(1), 92–96. https://doi.org/10.1080/10400419.2012.650092
Amabile, T. M. (1983). The social psychology of creativity. Springer-Verlag.