No todos los espacios verdes son restauradores

Los parques urbanos suelen presentarse como una respuesta directa a las presiones de la vida en la ciudad. Se delimitan áreas, se plantan árboles, se extienden céspedes, se trazan senderos y se asume que las personas se sentirán más tranquilas, pensarán con mayor claridad y disfrutarán de una mejor salud.

Pero la presencia de vegetación no convierte automáticamente un lugar en un entorno restaurador.

Un parque puede tener árboles y aun así generar una sensación de inseguridad. Puede ofrecer espacios abiertos, pero exponer a sus visitantes al ruido del tráfico, a un mantenimiento deficiente o a recorridos confusos. Puede resultar visualmente atractivo y, sin embargo, no proporcionar lugares cómodos para sentarse, jugar, hacer ejercicio, encontrarse con otras personas o alejarse de la actividad.

Un estudio reciente publicado en el Journal of Environmental Psychology cuestiona la idea de que visitar un parque equivale necesariamente a vivir una experiencia restauradora en la naturaleza. Sus resultados sugieren que los beneficios psicológicos de los parques urbanos surgen de una interacción más compleja entre las cualidades ambientales, los equipamientos disponibles, las actividades que las personas desean realizar y su familiaridad con el lugar.

La pregunta, por lo tanto, no es simplemente si una ciudad ofrece espacios verdes. También debemos preguntarnos si esos espacios permiten que las personas se sientan seguras y cómodas, y si pueden realizar allí aquello para lo cual los visitan.

Zona verde deteriorada con una banca rota, basura y senderos dañados junto a una vía con tráfico.
La presencia de árboles y césped no convierte automáticamente un entorno en un lugar restaurador. El ruido, el tráfico, el mantenimiento deficiente, el deterioro de la infraestructura y la percepción de inseguridad pueden transformar un espacio verde en otra fuente de exigencia cognitiva y sensorial.

¿Qué hace que un entorno sea restaurador?

La vida cotidiana nos exige dirigir nuestra atención de manera continua. Nos concentramos en el trabajo, seguimos conversaciones, nos desplazamos entre el tráfico, ignoramos distracciones y vigilamos lo que sucede a nuestro alrededor. Sin embargo, esta capacidad no es ilimitada. Después de utilizarla de forma prolongada, nuestra habilidad para concentrarnos puede fatigarse.

La Teoría de la Restauración de la Atención, desarrollada principalmente por Rachel y Stephen Kaplan, propone que ciertos entornos pueden ayudarnos a recuperar esta capacidad. Se considera que los espacios naturales son especialmente favorables porque pueden captar nuestra atención sin exigir el mismo esfuerzo mental sostenido que requieren muchas actividades cotidianas.

La teoría identifica cuatro cualidades comúnmente asociadas con las experiencias restauradoras:

Alejamiento: La sensación de distanciarse física o psicológicamente de las exigencias habituales.

Fascinación: Estímulos que atraen la atención con poco esfuerzo, como el movimiento del agua, el follaje, las nubes o los cambios en los patrones de luz.

Extensión: La percepción de que un entorno es coherente y suficientemente rico como para invitar a explorarlo.

Compatibilidad: Una buena correspondencia entre lo que una persona quiere o necesita hacer y aquello que el entorno le permite hacer.

Estas cualidades ayudan a explicar por qué caminar por un bosque, pasar un tiempo cerca del agua o incluso contemplar los árboles desde una ventana puede resultar mentalmente reparador.

Sin embargo, a diferencia de los espacios naturales poco intervenidos, los parques urbanos son espacios públicos diseñados que integran senderos, bancas, parques infantiles, instalaciones deportivas, iluminación, edificios y diversas actividades sociales. Su potencial restaurador depende, por lo tanto, de mucho más que la cantidad de vegetación que contienen.

Estudiar a las personas en parques urbanos reales

En este estudio de campo transversal y prerregistrado, Kathryn Schertz y sus colaboradores investigaron cómo distintas cualidades de los parques urbanos se relacionaban con las emociones de los visitantes, su percepción de restauración cognitiva y su preferencia por el lugar.

En lugar de pedirles a los participantes que evaluaran fotografías en un laboratorio, los investigadores estudiaron sus experiencias mientras se encontraban físicamente en distintos parques de Chicago.

El estudio incluyó a 303 residentes de Chicago, quienes realizaron un total de 1.234 visitas a parques durante dos semanas. En cada visita, utilizaron sus teléfonos para evaluar el parque y reportar cómo se sentían en ese momento.

Los participantes calificaron cualidades ambientales como la naturalidad, la seguridad, el mantenimiento y el ruido. También respondieron preguntas relacionadas con la capacidad restauradora percibida, su estado emocional, la restauración cognitiva subjetiva y su preferencia general por el parque.

Este enfoque en contextos reales es importante. Una fotografía puede mostrar árboles, agua o un sendero atractivo, pero no puede reproducir por completo el sonido del tráfico, el estado de las bancas, la presencia de otras personas, la sensación de seguridad o las actividades que se desarrollan cerca. Al recopilar las respuestas mientras los participantes se encontraban en los parques, los investigadores pudieron captar parte de la complejidad que implica experimentar un espacio verde urbano en la vida cotidiana.

Personas caminan, montan en bicicleta y descansan en un parque urbano rodeado por el tráfico.
El potencial restaurador depende de mucho más que la vegetación. La seguridad, el mantenimiento, las condiciones sensoriales, la claridad de los recorridos y las oportunidades para moverse, relacionarse con otras personas o retirarse de la actividad influyen en la manera como se experimenta un parque urbano.

La naturaleza es importante, pero no es lo único

Los resultados mostraron que una mayor percepción de naturalidad estaba relacionada con estados emocionales más positivos y con una mayor restauración cognitiva subjetiva.

Sin embargo, la seguridad, el mantenimiento, el ruido y otras cualidades ambientales percibidas también estaban relacionados con la capacidad restauradora que los participantes atribuían al parque y con la manera como se sentían durante la visita.

Estas distinciones son importantes. Las políticas de reverdecimiento urbano suelen concentrarse en indicadores cuantificables: el número de árboles plantados, el porcentaje de cobertura verde o la distancia entre las viviendas y el parque más cercano. Estos indicadores son valiosos, pero no necesariamente revelan cómo se experimenta un lugar.

Dos parques pueden contener cantidades similares de vegetación y, al mismo tiempo, imponer exigencias muy diferentes a sus visitantes. Uno puede sentirse tranquilo, cuidado y fácil de comprender. El otro puede ser ruidoso, estar descuidado, resultar difícil de recorrer o generar una percepción de inseguridad.

La copa de un árbol puede proporcionar sombra y fascinación visual, pero sus beneficios psicológicos pueden debilitarse si una persona debe permanecer atenta a bicicletas que se desplazan rápidamente, senderos mal definidos o situaciones sociales percibidas como amenazantes. Un entorno difícilmente puede favorecer la restauración cuando, al mismo tiempo, exige una vigilancia constante.

El mantenimiento resulta especialmente significativo en este contexto. En ocasiones se considera un asunto práctico que aparece después del diseño, en lugar de entenderlo como parte de la experiencia del lugar. Sin embargo, el mobiliario roto, la basura acumulada, los senderos deteriorados y la vegetación descuidada pueden transmitir la idea de que el espacio no recibe atención. Estas condiciones pueden afectar la percepción de seguridad, el sentido de pertenencia y la sensación de ser bienvenido.

La restauración, por lo tanto, no es producida únicamente por la naturaleza. Depende del entorno completo a través del cual la experimentamos.

Un parque debe permitirles a las personas hacer lo que desean

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio estuvo relacionado con la compatibilidad.

Los participantes informaron qué actividades deseaban realizar y evaluaron si el parque ofrecía los equipamientos necesarios para llevarlas a cabo. Estos podían incluir senderos para caminar, bancas, parques infantiles, instalaciones deportivas o zonas para socializar.

Cuando los participantes visitaban parques que ya conocían, la compatibilidad entre las actividades que deseaban realizar y los equipamientos disponibles ayudaba a predecir cuánto preferían el lugar. En otras palabras, la familiaridad les permitía evaluar el parque, en parte, a partir de lo que este les hacía posible.

Una persona que busca contemplación y tranquilidad puede valorar una banca apartada. Alguien que acompaña a niños puede necesitar un parque infantil, asientos cercanos y buena visibilidad. Otro visitante puede buscar una ruta continua para caminar, una cancha deportiva, una zona de césped abierta o un lugar para encontrarse con otras personas.

Ninguna de estas necesidades puede reducirse a la presencia o ausencia de árboles.

Este hallazgo refuerza un principio importante del diseño ambiental: las personas no experimentan los lugares únicamente como composiciones visuales. También los experimentan a través de sus intenciones, sus acciones y sus posibilidades corporales.

Un parque hermoso que no responda al propósito de la visita puede resultar menos satisfactorio que un espacio más modesto que permita realizar cómodamente la actividad deseada. La calidad del diseño no depende solamente de la apariencia de un lugar, sino también de aquello que hace posible.

Vista aérea de un parque urbano dividido en zonas para jugar, socializar, cultivar, caminar y retirarse a espacios tranquilos.
Las diferentes zonas pueden favorecer el juego, el movimiento, la interacción social, la jardinería y el retiro hacia lugares más tranquilos. La compatibilidad depende de que el entorno proporcione condiciones apropiadas para lo que los visitantes quieren —o necesitan— hacer.

Las primeras impresiones y la decisión de regresar

La relación cambiaba cuando las personas visitaban un parque que no conocían.

En los parques desconocidos, la compatibilidad entre las actividades deseadas y los equipamientos disponibles no predecía la preferencia de la misma manera. En cambio, impresiones más generales como la naturalidad, la seguridad y el mantenimiento resultaban particularmente relevantes para determinar si los participantes deseaban regresar.

Esto sugiere que los visitantes pueden evaluar los entornos desconocidos por etapas.

Antes de descubrir todo lo que ofrece un parque, deben decidir si parece lo suficientemente acogedor como para explorarlo. ¿La entrada es visible? ¿Los senderos son fáciles de comprender? ¿El lugar parece cuidado? ¿La persona puede anticipar lo que encontrará más adelante? ¿El entorno social le resulta cómodo?

Solo después de familiarizarse con el parque puede adquirir mayor importancia su compatibilidad específica con las rutinas personales y las actividades preferidas.

Esto tiene implicaciones prácticas para el diseño. Un parque puede tener instalaciones excelentes que permanecen sin utilizar si su entrada no resulta acogedora, su organización es difícil de interpretar o los visitantes no se sienten lo suficientemente seguros como para explorarlo.

La legibilidad, el mantenimiento y la seguridad percibida no son detalles estéticos secundarios. Pueden determinar si las personas llegan a descubrir las demás cualidades del parque.

¿Restaurador para quién?

Aunque este estudio amplía nuestra comprensión de los parques urbanos, también plantea una pregunta que merece mayor atención:

¿Quién puede experimentar un entorno determinado como restaurador?

Las personas no llegan a los parques con los mismos umbrales sensoriales, capacidades físicas, expectativas culturales o asociaciones emocionales. Un mismo entorno puede tranquilizar a un visitante y, al mismo tiempo, imponerle exigencias considerables a otro.

Para una persona autista, un parque que otras personas perciben como tranquilo y restaurador puede presentar importantes exigencias sensoriales y cognitivas. Los perros que ladran o se comportan de manera impredecible, los gritos de los niños, la maquinaria de mantenimiento, los senderos congestionados y las transiciones abruptas entre zonas tranquilas y áreas de mucha actividad pueden dificultar la relajación o la sensación de control sobre la experiencia.

Una persona con TDAH puede beneficiarse del movimiento y de la estimulación ambiental y, al mismo tiempo, necesitar protección frente a distracciones que compiten por su atención. Una persona con dificultades de movilidad quizá no pueda llegar a la zona más atractiva o apartada del parque. Alguien que vive con ansiedad o trauma puede reaccionar intensamente ante una visibilidad limitada, recorridos aislados o la ausencia de salidas claramente identificables.

Estas posibilidades no fueron estudiadas directamente en la investigación realizada en Chicago. Por lo tanto, no debemos presentar sus resultados como evidencia sobre visitantes neurodivergentes o con discapacidad. Sin embargo, el énfasis que el estudio hace en la compatibilidad proporciona una base útil para pensar en una mayor inclusión.

La compatibilidad no es simplemente una relación entre una actividad y un equipamiento. También es una relación entre las exigencias ambientales de un lugar y las necesidades perceptuales, cognitivas y físicas de quien lo utiliza.

Un parque verdaderamente inclusivo podría ofrecer diferentes condiciones sensoriales y sociales dentro de un mismo paisaje:

  • Zonas activas y zonas más tranquilas;
  • Recorridos expuestos y alternativas más protegidas;
  • Oportunidades para la interacción social y lugares donde retirarse;
  • Asientos con distintos niveles de resguardo y visibilidad;
  • Senderos claros y puntos de referencia reconocibles;
  • Rutas accesibles que no separen a las personas con discapacidad de la experiencia central del parque;
  • Suficiente distancia entre actividades incompatibles;
  • Información anticipada sobre las instalaciones, los accesos y las condiciones sensoriales.

El objetivo no es crear un entorno universalmente tranquilo. Algunas personas buscan movimiento, juego, energía social y estimulación. Otras buscan soledad, previsibilidad y alivio frente a las exigencias sensoriales. El diseño inclusivo ofrece posibilidades reales de elección entre estas experiencias.

Acceso no significa beneficio

Estos hallazgos también nos invitan a reconsiderar cómo evaluamos la equidad en la provisión de espacios verdes urbanos.

Un barrio puede tener técnicamente acceso a un parque, pero eso no significa que sus habitantes reciban sus beneficios potenciales. Si el parque es inseguro, está mal mantenido, es excesivamente ruidoso o no responde a las actividades valoradas por la comunidad, la proximidad geográfica por sí sola nos dice muy poco sobre su capacidad restauradora.

Esto es especialmente importante en comunidades desfavorecidas, donde la construcción de nueva infraestructura verde puede atraer más atención política que el cuidado permanente de los espacios existentes. Plantar árboles o crear un nuevo parque puede fotografiarse, contabilizarse y anunciarse. El mantenimiento a largo plazo, la participación comunitaria y la adaptación a necesidades cambiantes son menos visibles, pero pueden ser igualmente importantes.

La justicia ambiental debe considerar tanto la calidad como la cantidad. No debería preguntarse únicamente quién vive cerca de un espacio verde, sino también:

¿Quién se siente bienvenido?

¿Quién puede llegar hasta allí y recorrerlo?

¿A quiénes les permite realizar sus actividades?

¿Quién se siente lo suficientemente seguro como para permanecer?

¿Quién tiene acceso a entornos más tranquilos, mejor mantenidos y con mayor capacidad restauradora?

Sin estas preguntas, la provisión de espacios verdes corre el riesgo de convertirse en un logro numérico, en lugar de representar una mejora significativa de la vida cotidiana.

Lo que el estudio no puede decirnos

El estudio ofrece evidencia valiosa obtenida en contextos reales, pero es importante reconocer sus limitaciones.

Fue una investigación transversal, lo que significa que identificó relaciones entre las percepciones de los participantes y los resultados reportados, pero no puede establecer que determinadas cualidades de los parques hayan causado directamente mejoras cognitivas o emocionales.

La medida de restauración cognitiva también fue subjetiva. Los participantes informaron si se sentían mentalmente restaurados; los investigadores no demostraron una mejoría mediante pruebas objetivas de atención, memoria o funciones ejecutivas durante cada visita.

Las percepciones de seguridad, naturalidad, mantenimiento y ruido son significativas porque influyen en la experiencia, pero no equivalen a mediciones independientes de las condiciones ambientales. La historia personal, la familiaridad, el estado de ánimo, la identidad y las expectativas pueden influir en la manera como una persona evalúa un mismo lugar.

El estudio se realizó con habitantes de una sola ciudad estadounidense y sus resultados no deberían generalizarse automáticamente a otros contextos culturales, climáticos o urbanos. Los parques, las formas de uso y las condiciones sociales de Chicago no son idénticas a las de Londres, Bogotá u otras ciudades.

Estas limitaciones no invalidan los hallazgos. Aclaran lo que la investigación puede respaldar responsablemente: ciertas cualidades percibidas de los parques urbanos estaban relacionadas con mejores experiencias emocionales y cognitivas reportadas. Se necesitan más investigaciones para establecer relaciones causales y comprender cómo varían estas experiencias entre distintas poblaciones y lugares.

Diseñar las condiciones para la restauración

El estudio de Schertz y sus colaboradores lleva la conversación más allá de la idea simplista de que la naturaleza produce bienestar de manera automática.

Los parques urbanos son, al mismo tiempo, entornos naturales, diseñados, sociales y funcionales. Su capacidad restauradora surge de la interacción entre la vegetación, las condiciones sensoriales, el mantenimiento, la seguridad, los equipamientos, las actividades y cada visitante.

Esto no significa que todos los parques deban ofrecerlo todo para todas las personas. Significa que los diseñadores y quienes toman decisiones deberían dejar de tratar el concepto de “espacio verde” como si fuera una descripción completa de la calidad ambiental.

Un parque restaurador no se crea simplemente insertando naturaleza dentro de la ciudad. Debe permitir que las personas reduzcan su estado de alerta, se orienten, encuentren un nivel apropiado de estimulación y participen en actividades que sean significativas para ellas.

Por lo tanto, la pregunta más útil no es:

¿Este barrio tiene un parque?

Sino:

¿Bajo qué condiciones, para cuáles personas y para qué actividades puede este parque convertirse en un entorno restaurador?

La diferencia puede parecer sutil, pero transforma el propósito del diseño. Desplaza la atención desde la provisión del espacio verde como un objeto hacia la creación de un entorno capaz de responder a necesidades humanas reales.


Referencias

Kaplan, S. (1995). The restorative benefits of nature: Toward an integrative framework. Journal of Environmental Psychology, 15(3), 169–182. https://doi.org/10.1016/0272-4944(95)90001-2

Schertz, K. E., Meidenbauer, K. L., Freeman, T. R., Santiago, I. M., Janey, E. A., Gehrke, K., Samtani, A. L., Stier, A. J., & Berman, M. G. (2025). Identifying qualities and amenities associated with subjective cognitive restoration and improved affect in urban parks. Journal of Environmental Psychology, 104, 102624. https://doi.org/10.1016/j.jenvp.2025.102624

Smiley, K. T., Sharma, T., Steinberg, A., Hodges-Copple, S., Jacobson, E., & Matveeva, L. (2016). More inclusive parks planning: Park quality and preferences for park access and amenities. Environmental Justice, 9(1), 1–7. https://doi.org/10.1089/env.2015.0030

Published by Patricia Fierro-Newton

Architect and researcher based in London. I founded Neurotectura to explore how architecture can support neurodivergent lives through more empathetic and inclusive design.

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