Este artículo abre la serie Arquitectos de los sentidos, dedicada a arquitectos latinoamericanos que diseñaron para el cuerpo, los sentidos y la mente. En una época de diseño por computador, domótica y alta tecnología, sus obras nos recuerdan que la experiencia arquitectónica también puede construirse con materiales sencillos: ladrillo, tierra, madera, guadua, agua y luz. Hoy, la investigación sobre percepción y experiencia ambiental nos ofrece nuevas herramientas para comprender algunos de los efectos que estos espacios pueden producir en nosotros. Comenzamos con Rogelio Salmona, camino al centenario de su nacimiento en 2029.

Arquitecto colombiano cuya obra puso el recorrido, la materialidad y la experiencia del espacio en el centro del proyecto.
Un arquitecto de los sentidos
Mucho antes de que existiera la palabra neuroarquitectura, Rogelio Salmona ya prestaba una atención extraordinaria a la relación entre arquitectura, cuerpo, memoria y experiencia.
Pocas imágenes de Bogotá son tan poderosas como las Torres del Parque: tres torres de ladrillo que, como caracoles, se levantan entre la plaza de toros y los altos cerros andinos.
Pero aunque la imagen tiene mucha fuerza, es el recorrido el que termina de revelar la arquitectura. Uno entra casi sin darse cuenta por caminos de ladrillo bordeados de jardines y, a cada paso, aparece una perspectiva nueva de los cerros y de la ciudad. El espacio público va absorbiendo al visitante, llevándolo gradualmente hasta la base de las torres, donde se abre La Macarena, el barrio de cafés, galerías y restaurantes.
Es una experiencia lúdica y, a la vez, contemplativa: un espacio en el que naturaleza y ciudad se encuentran y en el que el movimiento forma parte de la arquitectura.
Es también una demostración de algo que Salmona entendía profundamente: la arquitectura no solo se mira; se recorre, se escucha, se toca y se recuerda.
Salmona se formó entre Bogotá y Europa, pero no se limitó a trasladar a Colombia la arquitectura blanca y abstracta del modernismo europeo. Buscó, en cambio, una arquitectura vinculada al lugar, a la historia y a la experiencia corporal.
Hoy, la investigación sobre percepción, estrés, atención, sonido, luz y experiencia ambiental ofrece algunas claves para comprender por qué determinados aspectos de su arquitectura pueden influir en nuestra experiencia de esos espacios. Salmona no tenía esos estudios como punto de partida. Tenía algo diferente: una atención profunda a la experiencia humana.





Aquí la arquitectura no solo se mira: se recorre con el cuerpo. Las curvas del ladrillo guían el paso, las escaleras bajan el ritmo, la luz cambia el color de los muros durante el día y los árboles se meten entre los edificios. Ladrillo, sombra y vegetación: materiales simples que le hablan a los sentidos.
Formación e influencias
Salmona nació en París en 1929, hijo de padre español y madre francesa, y llegó a Bogotá con su familia cuando tenía dos años. Estudió en el Liceo Francés y comenzó arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia.
En Bogotá conoció a Le Corbusier y, en 1948, en medio de la violencia política que siguió al Bogotazo, viajó a París y entró a su taller. Allí trabajó durante casi diez años, hasta 1957, en proyectos como el Plan Piloto de Bogotá, las casas Jaoul y Chandigarh.
Al mismo tiempo asistió a los seminarios de Pierre Francastel, historiador y sociólogo del arte, cuya influencia fue decisiva para su manera de entender la arquitectura como un hecho cultural y no únicamente técnico.
Antes de volver viajó por España. La Alhambra de Granada fue una referencia importante. El agua, los patios, las secuencias espaciales y la manera de construir recorridos que caracterizan parte de su arquitectura tienen allí uno de sus antecedentes más importantes.
Regresó a Colombia a finales de 1957 con un archivo de miles de fotografías y documentos que había reunido en Francia bajo la orientación de Francastel. Hasta 1962 fue profesor de historia del arte y de la arquitectura en la Universidad de los Andes. Para Salmona, la historia no era simplemente conocimiento del pasado: era una herramienta para proyectar.
Sus otras grandes fuentes estaban en América. Las plazas y los espacios ceremoniales precolombinos de México, como Teotihuacán, Uxmal y Chichén Itzá, reforzaron su interés por el espacio abierto, la monumentalidad y el recorrido.
También admiraba a Alvar Aalto y Louis Kahn, además de encontrar referencias en la memoria de los patios, murallas y espacios urbanos de Cartagena.
Visitó y fotografió las casas de Luis Barragán, con quien compartía la herencia hispano-islámica: el muro, el patio y el agua. Más que una influencia directa, Barragán fue un paralelo, un contemporáneo que buscaba lo mismo por otro camino.
El ladrillo se convirtió en uno de los materiales fundamentales de su arquitectura y, con el tiempo, en una de las imágenes más reconocibles de la arquitectura colombiana. Salmona entendía la arquitectura como una recreación: no como la invención de algo completamente nuevo, sino como la capacidad de volver a trabajar con aquello que la historia y el lugar ya ofrecen.
Desde los años setenta vivió en sus propias Torres del Parque. En 2003 recibió la Medalla Alvar Aalto, uno de los reconocimientos internacionales más importantes de su carrera. Murió en Bogotá en 2007.



El agua aquí no es decoración: es parte del recorrido. Los canales acompañan el paso, el espejo de agua refleja el cielo y los cerros, y su sonido suaviza el ruido de la ciudad. El ladrillo, las rampas y los jardines invitan a caminar despacio antes de entrar a leer. Una biblioteca que empieza a calmarte desde afuera.
Ladrillo y agua
El ladrillo es una de las firmas de Salmona.
En las Torres del Parque, en la Biblioteca Virgilio Barco y en muchas otras de sus obras, el ladrillo aparece en muros, pisos, escaleras, rampas y bancas. No es únicamente un revestimiento: participa activamente en la experiencia del espacio.
Tiene textura, pequeñas irregularidades y una tonalidad que cambia con la luz a lo largo del día. También tiene una presencia física que se puede reconocer con la mano, con la mirada e incluso con el sonido de los pasos sobre él.
La experiencia de un material, sin embargo, no es universal. Una superficie que para una persona resulta cálida y acogedora puede resultar demasiado áspera, fría o estimulante para otra. Las personas no percibimos los materiales de la misma manera, y esta diversidad perceptiva es especialmente relevante cuando hablamos de neuroarquitectura y diseño inclusivo.
Por eso, más que afirmar que determinados materiales son intrínsecamente “calmantes”, podemos preguntarnos qué posibilidades sensoriales ofrecen y para quién.
El agua es el segundo gran material de Salmona.
Canales estrechos recorren patios y rampas; espejos de agua reflejan el cielo; en algunos espacios, el agua se escucha antes de verse. Su presencia introduce movimiento, sonido y variaciones de luz en una arquitectura predominantemente construida con ladrillo.
La investigación sobre sonidos naturales ha estudiado su relación con la percepción del estrés, la atención y el bienestar. Esto no significa que el agua produzca automáticamente una respuesta positiva en todas las personas, pero sí ayuda a entender por qué el diseño acústico merece tanta atención como la forma y la materialidad.
En Salmona, el agua no es un adorno añadido al final del proyecto. Forma parte de la experiencia espacial.



¿Cómo se diseña un edificio que debe proteger la memoria de un país de la luz, el agua y el polvo, sin dejar de emocionar? Salmona no recurrió a máquinas, sino a la arquitectura. Diseñó muros dobles con calados que respiran como poros y canales que recogen la lluvia, y no usó aire acondicionado. Su patio circular funciona como un oído que recoge los sonidos de la ciudad y se abre hacia los cerros. Ladrillo, agua, aire y luz trabajan juntos para cuidar.
Recorrido, luz y paisaje
En un edificio de Salmona casi nunca se entra de golpe.
Se llega por rampas, escaleras abiertas, patios y galerías. El recorrido es gradual. Cada cambio de nivel, cada giro y cada apertura prepara al cuerpo para el espacio siguiente.
Esa secuencia introduce algo que puede ser especialmente valioso en la experiencia ambiental: las transiciones.
Pasar progresivamente de una calle ruidosa a un espacio más protegido permite experimentar una sucesión de condiciones en lugar de un cambio abrupto. Los umbrales de Salmona no son únicamente elementos funcionales; construyen una secuencia perceptiva.
La luz también participa en esa secuencia.
Aberturas, celosías y patios permiten que la iluminación cambie a medida que uno se desplaza. En muchos puntos del recorrido, una ventana, una abertura o un muro bajo enmarca los cerros de Bogotá o el cielo.
La investigación sobre naturaleza y restauración atencional ha mostrado que determinadas experiencias visuales de naturaleza pueden favorecer la recuperación de la atención. Pero, nuevamente, la respuesta depende del contexto, de la persona y de la manera en que se experimenta el espacio.
Salmona no necesitaba convertir el paisaje en una imagen decorativa. Lo incorporaba al recorrido.
El paisaje se descubre. La luz cambia. El cuerpo se mueve. La percepción se transforma.



Lo que Salmona nos enseña hoy
Salmona no hablaba de neurociencia. Hablaba de memoria, de lugar, de historia y de la dignidad del espacio público.
Pero su arquitectura plantea preguntas que hoy también interesan a la neuroarquitectura:
¿Qué ocurre cuando diseñamos pensando no solo en lo que un edificio parece, sino en cómo se experimenta?
¿Qué sucede cuando prestamos atención al recorrido, al sonido, a la textura, a la luz y a las transiciones?
¿Y qué cambia cuando dejamos de asumir que todas las personas perciben un espacio de la misma manera?
La obra de Salmona no ofrece una fórmula neuroarquitectónica. Ofrece algo más interesante: una manera de mirar la arquitectura desde la experiencia humana.
De su obra podemos rescatar tres principios:
- Elegir materiales que puedan experimentarse. La materialidad aporta textura, temperatura visual, sonido y presencia física. Lo importante no es que un material sea universalmente “bueno”, sino comprender qué experiencia puede ofrecer y cómo puede ser percibido por distintas personas.
- Diseñar el sonido, no solo la forma. El agua, el eco, el ruido de los pasos y el silencio también forman parte de la arquitectura. Lo que escuchamos modifica la manera en que experimentamos un lugar.
- Cuidar las transiciones. Entrar, desplazarse, detenerse y descubrir un espacio son experiencias arquitectónicas. Los cambios graduales pueden ofrecer al cuerpo y a la percepción más oportunidades de adaptación que las transiciones abruptas.
No hace falta una biblioteca pública ni un gran presupuesto para empezar a aplicar estas ideas. Pueden estar presentes en una casa, un aula, una oficina o un espacio público.
Salmona nos recuerda que diseñar para los sentidos no significa diseñar para una respuesta sensorial universal. Significa reconocer que la arquitectura siempre es experimentada por cuerpos diferentes, con historias, sensibilidades y formas de percibir diferentes.
Y quizá ahí está una de las lecciones más contemporáneas de su obra: la arquitectura no es neurológicamente neutral, pero tampoco existe una única manera de experimentarla.
Diseñar para las personas significa diseñar para esa diversidad.
Referencias
Albornoz Rugeles, C. (2022). Rogelio Salmona: un arquitecto frente a la historia. Bogotá: Universidad de los Andes.
Albornoz Rugeles, C. (2018). ¡Eran seis mil documentos! El archivo documental que Rogelio Salmona constituyó para la Universidad de los Andes. Dearq, 22, 170–175.
Arcila, C. A. (2007). Tríptico rojo: conversaciones con Rogelio Salmona. Bogotá: Taurus.
Castro, R. L. (2008). Rogelio Salmona: tributo. Bogotá.
Lozano Velasco, J. M., Lozano Portillo, A., Montoya Arenas, C. y Ruiz Taroncher, A. (2013). Del ladrillo al hormigón en la obra de Rogelio Salmona. EN BLANCO. Revista de Arquitectura, 5(12), 30–35.
Mejía Vallejo, C. E. y Merí de la Maza, R. Rogelio Salmona y Pierre Francastel: lecciones de la historia. Dearq, Universidad de los Andes.
Monzón Peñate, E. (2014). Rogelio Salmona: un aprendiz en la Rue de Sèvres (sobre la Alhambra en su obra).
Prieto Fandiño, J. L. (2013). Rogelio Salmona, compositor de percepciones. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
Téllez, G. (2006). Rogelio Salmona: obra completa 1959/2005. Bogotá: Fondo Editorial Escala.
Rogelio Salmona en su contexto. Revista Nómadas, 9, Universidad Central.